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Mistletoe.

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Mensaje por Edward Denouement el Jue Ene 12, 2017 5:31 pm


Mistletoe.
Las guirnaldas adornaban cada rincón de la casa, dotando de alegría a las blancas paredes por la variedad de colores. No existía centímetro alguno sin decorar: de la chimenea colgaban numerosos calcetines de tonalidades rojas, esferas de diversos tamaños descendían sobre sus cabezas destellando con brillo propio y, cómo no, un gran árbol de navidad coronaba la estancia principal.

Esa era la primera Navidad que Hamilton pasaría en compañía tras mucho tiempo y todavía no terminaba de creérselo. Para alguien que se vio obligado a pasar gran parte de su vida acompañado de la soledad, aquello era un milagro. Y eso que su idea principal había acabado en tragedia. Sí, en una auténtica tragedia.

Alrededor de media hora antes, Aaron Burr llamó a la puerta y acabó entrando en la vivienda. No se trataba de un intruso, Alex consideró oportuno avisarle para que él también gozase de la alegría que aportaba el sentirse querido, el formar parte de algo. Hasta ahí todo bien, mas Mulligan quiso renovar las tradiciones y cambiar el beso bajo el muérdago por un buen puñetazo. Burr, no habiendo sido avizado del cambio de última hora, recibió un derechazo digno del mejor de los boxeadores. Lafayette lo celebró por todo lo alto y el joven Laurens dirigió una sonrisa indiscreta al caribeño.

Laurens. Lo que Hamilton sentía por ese hombre era algo difícil de describir con palabras mundanas, un batiburrillo de sentimientos que rasgaban el aire con más fuerza que una bala y lo anulaban hasta en las tareas más básicas. No sabía cómo había llegado hasta ahí, hasta su vida, pero todo lo anterior a ello la parecía irrisorio, un espectro al que no deseaba volver a visitar. John compartía esos sentimientos, y eso le bastaba.

Alguien más apareció en escena, pero Hamilton no alcanzó a ver a la figura. Laurens había tomado su mano para llevarlo al exterior. Allí fuera la nieve cubría todo, y el vaho escapaba de la boca de ambos hombres. Si alguien se atreviese a abandonar la calidez de su vivienda para adentrarse en la intempestiva noche, se encontraría con un par de enamorados.

Un par de enamorados que acabaron sentados en el porche, aportándose calor entre ellos y contemplando por la ventana cómo un furioso Burr aguantaba hielo contra su hinchada nariz mientras dirigía miradas asesinas a un jovial Mulligan.

No podían pedir nada más. Jamás se habían sentido tanto en casa como aquella esperpéntica noche.
Con Edward, ubicación secreta.
Mensajes : 48Fecha de inscripción : 01/07/2014

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